Centro de Investigación en Geografía Aplicada
Georeflexiones 06 de julio de 2015

El agua , un ser viviente

No es expresión nuestra, sino de Bernex: “El agua es un ser viviente”.  Seatlle, el Gran Jefe del pueblo Duwamish, en carta que escribiera al Presidente de los Estados Unidos le diría: “No puedo vender el cielo, el calor de la tierra y el agua porque sabemos que si no se la vendemos, quizá el hombre blanco venga con sus armas y se apodere de nuestra Tierra. ¿Quién puede comprar o vender el agua? ¿Cómo él podría comprársela.”

En los orígenes de todas las culturas el agua ocupa el primer lugar. Una versión del Pentateuco traduce que lo primero que hizo el Creador fue la vida, y de la vida fueron apareciendo los demás seres del Universo, entre ellos, el agua, (Gen 1, 10). Más tarde creó la vida dentro de las aguas (Gen 20,21). Aunque también el  agua creada por Dios ha servido para castigo, como se relata en el diluvio. Lo mismo deja tras de sí el mito de los quichuas.

No en vano la cantidad de agua que hay en nuestro cuerpo es cerca de un 80 %. En los demás seres vivos abunda en proporciones similares. ¿Hay mayor memoria en nuestro organismo que la del agua que pareció al Creador al principio como algo bueno?

En estas condiciones hombre y mujer tenemos prestada el agua. Según la evolución darwiniana existe la necesidad de vincularnos a la tierra, al agua, de la que procede nuestro organismo. Pero ese agua no es solamente nuestra sino de los trillones de seres que forman parte del conjunto de la naturaleza y de los que no tenemos ningún derecho a considerarnos distintos, sino parte de un todo, aunque seamos la inteligencia cósmica capaces de variar la orientación de los recursos por nuestra inteligencia y voluntad. Nuestra condición de hombres del agua nos vincula a la primera agua que quiso Dios que iluminara la vida en los comienzos del mundo. Es definitivamente nuestra memoria.

Somos parte de este inmenso espacio cargado de energía hídrica y no tenemos derecho a intervenir antrópicamente sobre lo que nos rodea porque consideramos que la naturaleza está mal hecha. Nuestra condición debe consistir en aprovechar inteligentemente la dinámica del agua para no forzar de la fuerza de su curso y orientarla al servicio del mundo. El agua constituye un alimento vital. Sin agua no podríamos estar vivos. Irían desapareciendo nuestros labios; las encías ennegrecerían; la nariz se arrugaría y se reduciría su tamaño a la mitad y la piel se contraería tanto en torno a los ojos que impediría el parpadeo.

Al acontecer este día 22 de marzo del año 2012 hemos podido considerar el agua desde su antigüedad, la riqueza que ella aporta a nuestra alimentación, y la fuerza energética que imprime a este planeta viviente y a todos los demás planetas que existen en el macrocosmos más allá del alcance de nuestros apenas pequeños telescopios.

Joaquín García Sánchez, OSA
Director del Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía CETA
Profesor Honorario del Departamento Académico de Humanidades
Katakari

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Agua

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